martes, 2 de abril de 2024

MARTES

 

No me di cuenta en qué momento terminó marzo y empezó abril. Fue una transición silenciosa. De repente desperté y era primero de abril. Marzo ya había acabado y por lo mismo, otras tantas cosas también se habían acabado. Pensamientos, urgencias, ansiedades, esperas, largas tardes haciendo nada y dándole vueltas al mismo escenario una y otra vez. Imposible no hacerlo si todo estaba tan fresco. Tan reciente, tan arraigado en mí. Suena mi celular y es un mensaje. Un amigo me pregunta cómo estoy. Qué estoy haciendo. Cómo va todo. Cómo va la escritura. Cómo va la novela. No me lo pregunta todo de golpe, sino con pausas moderadas. Yo le respondo en orden: estoy bien, estoy escribiendo, todo va mejor, la escritura va bien, la novela va bien, tres páginas al día. Qué bueno amigo, me dice. Espero leerla pronto. Yo le digo que me voy a demorar, que esto toma tiempo, que esto toma horas, días, semanas, meses, quizás un año, quizás dos. Quién sabe. Tranquilo, tómate tu tiempo, solo te digo que quiero leerla y que la voy a leer. Yo ,le agradezco y le digo que seguiré escribiendo. Un abrazo, chao, me dice. Chao, le digo yo. He sido ingrato con mis amigos desde que volví. No los he visitado con frecuencia, no les he hablado con frecuencia, no les he contado todo lo que quiero contarles. Los tengo botados y eso está mal. Más que mal, es feo. Estoy haciendo algo feo y no lo merecen. Para nada. Ellos siempre han estado para mí, incluso en los peores momentos, en las peores batallas, en los días más grises y oscuros que he tenido. Entonces me pregunto ¿por qué me estoy comportando así? ¿por qué me distancio tanto? ¿por qué construyo este muro entre ellos y yo? Y la única respuesta que tengo, la única respuesta que se me viene a la mente es que soy un egoísta. Que ahora necesito estar solo, conmigo, ponerme en orden, priorizar, ver qué estoy haciendo mal y qué estoy haciendo bien, recuperarme. Y para eso tengo que alejarme. Porque sé que mi mente no estará tranquila mientras estoy con ellos, mientras hablo y discuto y comparto con ellos. En este momento mi mente es una espiral que no deja de convertirse en espiral. Y no quiero que esto siga así. Menos ahora que falta tan poco para irme a Santiago. Sí. Debería dejar de sobre pensar tanto en primer lugar. Todos me dicen que es venenoso. Cancerígeno. No piense tanto que se va a enfermar, me dijo alguien hace un par  de días y tiene razón. No quiero volver a enfermarme. Pero eso me pasa cada vez que me encierro demasiado y la mejor opción ahora es salir. Dejar este absurdo de pensamientos y salir. Lo bueno es que siento que cada vez la espiral se desvanece y todo vuelve a estar en orden. Todo vuelve a estar en calma. En paz. Espero que abril sea el cariño que marzo no fue. Un cariño suave, tierno, atento, que apoya y no suelta. Que se queda para que no caiga. Y si me caigo, que me ayude a recogerme. A sentir que, a pesar de todo, las cosas van a funcionar. Porque realmente necesito que funcionen. Este mes o, mejor dicho, los últimos días de este mes, serán un experimento. Una probada de lo que puede llegar a ser la vida en Santiago. Y no quiero que esos días lleguen y arrepentirme de no haber visto a mis amigos lo suficiente. De no haberles dicho cuánto los quiero, cuánto me gusta estar con ellos, cuánto les agradezco, cuánto me han ayudado a crecer, cuán feliz me han hecho la vida. He sido un ingrato y lo sé. Un egoísta y lo sé. Ya no. Basta. Iré a sus brazos y estaré con ustedes hasta el amanecer y les confesaré todo lo que no les he confesado. Todo el dolor y la pena y la rabia y la alegría y la dicha y el amor que siento. Todo lo que viví y lo que no viví. Todo lo que imaginé y lo que no imaginé. Todo lo que soñé y lo que no soñé. Todo lo que morí y lo que no morí. Porque ya no quiero anidar espinas en mi corazón.




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